Tejados imposibles (para Glory)

 
Esa noche parecía que la lluvia pretendía borrar este proyecto de ciudad que es Madrid. Todos los ¿por qué? se derramaban desde el cielo en un simulacro de final anunciado. Semana Santa. Ciudad vacía...

- ¿No te marchabas toda la semana al norte?
- Ya ves que no. Al final resulta que el momento de la huida es el mejor para permanecer. Así es Madrid. Que mejor que quedarte aquí cuando todos se marchan de vacaciones.

Glory enciende un cigarrillo recién sacado del bolsillo trasero del pantalón. Una larga y lenta calada sin dejar de mirarme retadora, espira y los haces de luz del local hacen que el humo distorsione por un instante su rostro.

- ¿No lo habías dejado? – veo surgir la frase y en el instante en que se hace huérfana de mi boca ya sé qué me va a responder. Sonrío para mis adentros.
- Ya ves que no - imita mi tono de voz - Al final resulta que el momento de dejarlo es el mejor para empezar de nuevo.
- Que hija de puta eres… - me guiña el ojo y reímos – Tú misma, tu cáncer es tuyo.
- Magpie sí se ha ido unos días, - me señala con un afilado dedo acusatorio - así que por esa impertinencia esta noche me tendrás que ayudar a recoger. Traeré algo para beber.
- No me fiscalices - levanto las manos en incondicional rendición - Estoy de vacaciones, sabes que iba a quedarme hasta el amanecer de todas maneras. Además, llevo todas estás noches buscando.
- Ayyy... lobito de caza… aquí hay una buena historia. Ahora me cuentas.

Se acerca a la barra dejando un rastro de humo y carmín. Desde la mesa en la que estoy sentado puedo ver la calle filtrada por el cristal empapado mientras las gotas crean caminos verticales. Apuesto por una prometedora que pierde gas a media carrera, resultado final, ganó la otra, debería haberlo imaginado. Sigue lloviendo como si algo dependiera de ello, a estas alturas el límite de Madrid ya debe estar en Atocha. La invisible mano de la decadencia arroja al vacío un arrugado envoltorio de caramelo olvidado en una mesa cercana, que cae a cámara lenta en espirales de colores. Siento una triste simpatía por su funambulismo malparado. Antes, en las alturas, brillaba entre los cercos húmedos dejados por los vasos y los ceniceros llenos de recuerdos. Ahora, en el suelo, baila a merced de pisadas ajenas. Veo a Glory pedir una canción antes de regresar.


I walked into the sea
Those waves they came for me
Egged on by scarlet sun
(But) I will never burn



Skin…tenemos cierta fijación por la música de esta mujer. Trae a la mesa dos cervezas con el cristal lleno de caminos en miniatura. Me pregunto si también estará lloviendo dentro de la cámara frigorífica.


My eyes stay liquid free
Not phased by chemistry
The whole ten yards i see
Striding through the haze



- Hoy has terminado pronto. Has cantado muy bien. Como siempre.
- Gracias, embaucador – me saca la lengua – Con esto de las vacaciones no hay mucha gente, así que empecé antes.


Just let the sun
Shine on your face
Only the darkness blinds your way



- ¿Te has dado cuenta que en tantos años apenas nos vemos de día? – comienzo el ritual de descamisar la botella.
- Es que no tengo tejados. Y los que encuentro están llenos de agujeros por los que pasa el sol – una pausa ligera, de humo de cigarrillo – ya sabes que no me gusta el sol. Soy nocturna. El día es solo el extrarradio de la noche.
- Siempre cubierta por tejados imposibles...
- De imposibles tú y yo sabemos mucho. ¿Cómo fue aquella descripción que te dijo una amiga tuya?, esa que tanto me gustó.
- Las que están encantadas de conocerse.
- Sí, esa. Tú estás hastiado de las divinas encantadas de conocerse... extrapólamelo al sexo masculino.
- ¿Se fue?...
-... sí.

En algún lugar donde ni las sombras tienen cabida, un envoltorio de caramelo apenas recuerda su color. Los pasos sin rumbo lo han arrastrado entre el barro de la lluvia y el alcohol vertido en el suelo. En ese rincón, añora las alturas.

- Hazme olvidar. Cuéntame qué buscas. Apuesto a que de nuevo es algo casi imposible.
- ¿Qué sentido tendría si no?. Bueno, estoy buscando un Gir.......
- ¿Y como es?
- No lo sé. Esa es la batalla.
- Mal empezamos. No es para ti, deduzco.
- No es para mí. Mira que he encontrado muchas cosas extrañas, lápices sin letras, un reloj que no sabe contar, nubes atadas con cordel, un mapa para perderse, un árbol que crece en las habitaciones al anochecer... pero esto... es muy difícil. Aunque desde el momento en que ella me lo contó una noche, sé donde está, pero ignoro si ella lo sabe.
- ¿No sabes como es, pero sabes donde está?
- Sí.
- ¿Dónde está?

Señalé con mi dedo el lugar, a cientos de kilómetros de distancia. Las gotas de la ventana se detuvieron en su carrera. En ese momento comprendí porqué no ha parado de llover estos días. La lluvia también lo estaba buscando.

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